¿Cómo estás? Cada vez que me pregunta María eso, no sé que contestarle, me encantaría decirle lo siguiente:

Si te miento y digo bien,
lo lamento y no te miento.
Si te digo lo contrario,
(y te preocupas)
alimento mi calvario.
Si preguntas me ilusiono
y recaigo en un vacío
por no entender lo que siento
ni controlar mis sentidos.
Si no te oigo es peor
por perder lo que he tenido
que es el roce de tu voz
cuando besan mis oidos.

Pero uno no puede ir de poeta por la vida, así que simplemente le digo la verdad: mal. Por qué no aprendí a mentir, porque odio la hipocresía y porque no se por qué no puedo ocultarla nada. Soy tan transparente con ella que espero no volverme invisible.

Un día menos.